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Los papelitos de colores, prolijamente cortados y disparados desde dos máquinas, caían sobre su cara, que se reproducía a sus espaldas en dos pantallas de led gigantes.

Sergio Massa hacía la V de la victoria, se golpeaba el pecho a la altura del corazón, tiraba besos con la mano, se abrazaba con su mujer, cantaba la canción de Axel. Sus compañeros de lista lo tocaban, le decían cosas al oído, lo idolatraban. La música sonaba como en una disco y parecía una celebración anticipada. “¡Es una epopeya!”, gritaba el único orador que había tenido el acto. Ya debajo del escenario, aunque todavía con los ojos rojos, Massa insistía ante los intendentes aliados: “Por favor tomen dimensión de esto: ¡Es una epopeya!”. Y así llegaba al final. Final de campaña.

El conductor del Frente Renovador, favorito en las encuestas para repetir, y ampliar, el triunfo que obtuvo en las primarias abiertas de agosto en la provincia de Buenos Aires había llegado al microestadio de General Pacheco, en Tigre, su bastión electoral, con un borrador del discurso que había escrito un rato antes en su casa. Sus ejes: las propuestas que llevará al Congreso, la idea de construir un futuro con menos crispación social y la necesidad de pensar en un país con la participación de los actores de todas las fuerzas políticas. El último punto fue, acaso, el mensaje que quería dar en su última aparición pública antes de que comience a regir la veda electoral.

Massa buscó empezar a mostrarse como un líder nacional con vocación de construir con quienes no piensen como él.

“Es más importante el futuro que el pasado y por eso quiero convocar a todos los sectores de la política a pensar en políticas de Estado. A abandonar las miserias y mezquindades para pasar a las propuestas concretas y a dejar de lado las banderitas políticas”, propuso. “El lunes 28 tenemos una enorme responsabilidad”, afirmó.

En su convocatoria, Massa dijo que “ no importa que vengan del radicalismo o del vecinalismo ”. Después del acto, sus asesores decodificaron la frase: “Sergio no se quiere encerrar en el peronismo. El PJ tiene que ser nuestra base, pero hay que ampliar el espacio para el futuro ”. El tigrense supone que Daniel Scioli podría quedarse con un sector grande del kirchnerismo y que él debe pescar en ese mismo mar, aunque no pasará mucho tiempo sin hacer gestiones con radicales descontentos. Massa ya tiene intendentes de la UCR en su armado.

Los veinte jefes comunales que fundaron con él el Frente Renovador se habían movido para que las plateas lucieran colmadas. De fondo se escuchaban trompetas -que arrancaron tocando el himno nacional- y se veía una cortina de globos de colores. También sonaban bombos, quizá para que nadie olvide que el candidato que desafía a la Casa Rosadadefiende los colores del peronismo, más allá de que el acto se pensó con lógica de TV. El discurso, de 20 minutos exactos, arrancó y terminó durante la hora de los noticieros.

“Vamos al Congreso a…”, decía Massa para introducir cada una de sus propuestas. Mencionó, entre otras, la lucha contra el narcotráfico, la descentralización de la Justicia, la creación de la Policía Comunal(“para que cada intendente sea jefe de la Policía”) y la promoción del empleo joven. Habló del nacimiento de “un tiempo nuevo” en la Argentina. Sin decirlo directamente, fue su modo de vincular la contienda del domingo con las presidenciales de 2015.

Como en el último tramo de sus recorridas por el conurbano, Massa volvió a citar como el ejemplo a seguir el abrazo de Perón y Balbín, resaltó una frase de Arturo Frondizi (“hay que extirpar de raíz el odio de nuestra sociedad”) y siguió con el Papa Francisco: “Tenemos que aprender a construir la unidad en la diversidad”.

El candidato se despidió con un agradecimiento a quienes “se animaron a creer y a soñar con que otro país es posible” Y remató: “Hasta la victoria”.

Fuente: Clarín

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