2
El peronismo atraviesa una etapa de redefiniciones críticas este marzo de 2026. La reciente reaparición de Sergio Massaen el radar del Gabinete —ahora con un respaldo explícito de figuras del “kirchnerismo duro” como Máximo Kirchner— ha acelerado los tiempos de una discusión que muchos querían postergar: la sucesión de los liderazgos y la estrategia electoral.
En la Provincia de Buenos Aires, el gobernador Axel Kicillof se encuentra en una encrucijada. Un sector del Partido Justicialista (PJ) ha comenzado a presionar para que se habiliten internas abiertas que definan las candidaturas para 2027, rompiendo con la tradición de la “dedocracia” o el consenso verticalista. Esta movida busca, fundamentalmente, medir fuerzas reales en un contexto donde el gobierno nacional mantiene una narrativa de confrontación constante con la gestión provincial.

A esto se suma la consigna central de La Cámpora durante las recientes movilizaciones del 24 de marzo, que se enfocó en el pedido de libertad para Cristina Kirchner, intentando amalgamar la mística militante con la resistencia judicial. Sin embargo, para los gobernadores e intendentes del PJ, la prioridad es otra: la supervivencia económica. Con un esquema donde Massa aparece como el “puente” técnico-político y Kicillof como la “resistencia” doctrinaria, el peronismo intenta encontrar una identidad nueva que le permita volver a ser competitivo, mientras las bases demandan respuestas urgentes ante el deterioro de los indicadores sociales.
