Una de cada cuatro personas se deprime los domingos

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Toda la semana corres detrás de todo lo que tenés que hacer, mientras hacés la otra lista “imaginaria” -que crece con el correr de los días- con todo lo que vas hacer el fin de semana. Casi como una formula matemática, cuando te sentís más atrapada por la rutina, más idealizás la llegada del fin de semana para poder hacer todas las cosas que te gustan. Sentís que es el premio que merecés por cumplir con todas las exigencias cotidianas.

Pero cuando llega el tan esperado finde, necesitás aferrarte a esa otra lista de “cosas que tengo que hacer en mi tiempo libre” para no sentirte perdida. La realidad es que una de cuatro personas sufre de la depresión dominguera, y este porcentaje hoy incluye hasta a los niños. Lo podrás tomar con humor, resignarte (pensando “es normal, a muchos les pasa”) o tomarlo como un conflicto a resolver. Lo cierto es que esto ocasiona síntomas emocionales, como angustia o tristeza, como síntomas físicos (dolores de cabeza y/o corporales, dolor de pecho, palpitaciones).

Vivís preocupada por lo que pasó, por lo que pasa y por lo que quizás va a pasar. De los 45 mil pensamientos cotidianos. ¿Cuánto de estos pensamientos tienen que ver con tu placer y tus necesidades y cuántos con los “debo”, los “tengo” y las exigencias? Envuelta en la rutina, tus pasos acelerados buscan cumplir hasta la última cita agendada. Esta hiperactividad, más allá de las quejas y de las broncas, se termina convirtiendo en un hábito, en una especie de “adicción urbana” en donde tu ansiedad y tus miedos parecen adormecerse y “no molestar”.

Llega el tan esperado e inconscientemente temido fin de semana, que cambia nuestra rutina, por lo tanto, cambia hasta nuestro funcionamiento cerebro-hormonal. Esperás el finde con una gran expectativa que se construye entre tus promesas de parar y disfrutar a full de esos días, y los mails y/o mensajes de texto de amigos y hasta desconocidos que te desean un buen finde. Tanto lo idealizás que, muchas veces, cuando llega sentís que tenés muchas preguntas y pocas respuestas, e intentás usar el recurso conocido: asociás casi automáticamente “disfrutar a full” con hacer la mayor cantidad de actividades “libremente elegidas” posibles y ahí es donde corrés el saludable riesgo que aparezcan más preguntas. ¿Qué hacer? ¿Cómo hacerlo? ¿Con quién? Y es ahí donde pueden surgir emociones de tristeza, angustia, ansiedad.

Y es ahí donde tenés la libertad de elegir: podés aferrarte a la “lista de las cosas que tengo que hacer en mi tiempo libre” con la idea de que al menos tendrás algo que contar el lunes; o podés aprender armar la “lista de cosas que elijo, que necesito hacer”. El fin de semana tiene que ver con el hecho de tomarse un tiempo sin tiempo y, aunque suene un plan genial, muchas veces el silencio de ese tiempo libre, el tener la posibilidad de conectarte, te puede llevar a reflexionar, a encontrarte con tus contradicciones, tus miedos, si te perdés en estás emociones terminás siendo la protagonista de una película de terror de tu tiempo libre, en lugar de un tiempo de disfrute.

Cuatro tips para transformar el bajón del domingo en una oportunidad de reencuentro:

* Sé tu coach emocional. Aprendimos que el “ser” tiene que ver con el “hacer”. Cuando más sentís que “hacés” (sin replantearte si es lo que querés o lo que esperan de vos), el “ser” está antes que el “hacer”. Tomar conciencia de esto es intentar vivir desde este lugar. Puede despertar tus miedos e incertidumbre, pero si te animás a atravesarlos, te permitirás escribir otra historia: la auténticamente tuya.

* Creá tu huella emocional. Dejá ir algunos “quiero esto sí o sí”, “voy por más”, “hasta lograrlo no paro” o “cueste

lo que cueste” por “me gustó”, “hice lo que quise”, “me tomé el tiempo que necesitaba”. Te permitirá aprender a disfrutar de lo que te gusta, de lo que te hace bien y este será el camino directo al reconocimiento de tu potencial, a crear tu propia huella digital emocional, única e irrepetible, que contendrá tu creencias, valores e independencia emocional.

* Creá nuevos hábitos. Proponete aprender a disfrutar -al menos- de una situación cotidiana que hagas sin ningún objetivo claro, sin ninguna recompensa. Te puede ayudar a soltar la sobreexigencia.

* Hacé del silencio un aliado saludable. El hemisferio izquierdo es el encargado de la comunicación verbal, escrita, del funcionamiento lógico. Tiene un funcionamiento racional, mientras que el hemisferio derecho tiene funciones relacionadas a la creatividad y la espiritualidad, y es ese el que tenemos que despertar. Porque, en general, hay un predominio del hemisferio izquierdo, que es el que tiene un peso muy importante en las determinaciones y vivencias cotidianas. Para despertar el hemisferio derecho podemos hacer diferentes actividades, como retomar aquellas cosas que nos gustaban y que por falta de tiempo dejamos o nunca hicimos, tomar como rutina hacer al menos 15 minutos de respiración profunda abdominal, nasal, sin forzarte, siguiendo tu ritmo en un espacio calmo, donde puedas concentrarte en una imagen positiva, viéndote en una situación elegida y disfrutada por vos, sin pensar si es aceptada o reconocida por los demás. Te permite despertar ese hemisferio que puede ser un “aliado saludable” que te ayude a no perderte frente a las exigencias cotidianas. Y el que te ayude a elegir desde lo que necesitas y querés, y no desde lo que deberías necesitar y querer.

Empezar a pensar desde otro lugar el famoso “bajón del domingo” es apostar a vos. Porque, en definitiva, no es el domingo el que te bajonea: el domingo es un día más para disfrutar, para disponer libremente. Lo que te juega en contra en tu día libre es tu miedo a la soledad, a parar. A lo mejor, hacer un reciclaje emocional de las cosas que te hacen mal, te permite soltarlas y darte lugar para otras vivencias. Porque, en definitiva, como dice Henry Vandyre, “la felicidad es interior. Por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que elegimos ser”.

Fuente: Entre Mujeres

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