Carlos Trotta, un veterano argentino de las cruzadas internacionales de defensa de la vida.

En los próximos días partirá desde Estambul rumbo a Gaza –se verá si podrá llegar o no- una expedición compuesta por un carguero con 350 contenedores y 5.500 toneladas de ayuda humanitaria a bordo, junto a tres barcos con unos 800 representantes de 30 países, entre ellos el cirujano argentino Carlos Trotta, un veterano de las cruzadas internacionales de defensa de la vida oriundo de Mar del Plata y de 82 vitales años.

“Es un proyecto serio, liderado por la coronela estadounidense retirada Ann Wright”, anticipó a Somos Télam este trotamundos que se asomó a la aventura recién a sus 66 años, ya con varias décadas de experiencia como jefe del servicio cardiovascular del Hospital Regional de Mar del Plata mediante su ingreso a la organización Médicos Sin Frontera (MSF), aunque aclaró que la presente experiencia no la hará en calidad de integrante de este reconocido organismo humanitario.

La expedición pronta a zarpar intenta una suerte de “revancha” por el desastre en que terminó una similar –también con intento de destino a Gaza- que la denominada “Flotilla de la libertad” emprendió en 2010, cuando fuerzas militares israelíes la atacaron en aguas internacionales del Mediterráneo en lo que se llamó “Operación plomo fundido”, que mató a 11 navegantes.

En la nueva propuesta se sumaron descendientes de aquellos que murieron bajo el fuego israelí, lo que Trotta de alguna manera relaciona con la organización HIJOS de nuestro país, dedicada a la búsqueda de memoria, verdad y justicia frente a la represión de la última dictadura cívico-militar.

La cruzada

La Flotilla partirá seguramente a mitad de la semana que viene llevando a bordo a un importante grupo de representantes políticos de España, entre quienes se contará la exalcaldesa de Barcelona Ada Colau y varios diputados alineados con Podemos, además de observadores de derechos humanos, personal médico, representantes políticos y periodistas de cadenas internacionales.

“La Flotilla de la libertad es una empresa que vale la pena apoyar, es un proyecto serio encabezado por Ann Wright”, añadió Trotta en la conversación por WhastApp con Somos Télam que hizo mediante su teléfono celular, al que no dudará en arrojar al mar si la travesía se ve interferida por soldados israelíes.

“La coronela Wrigth lo primero que nos dijo es que, en caso de un ataque o intervención de fuerzas militares israelíes, los teléfonos celulares serán arrojados al mar”, explicó, en referencia a la militar retirada y exfuncionaria del Departamento de Estado de Estados Unidos conocida por su abierta oposición a la guerra de Irak, quien liderará la expedición.

Consultado sobre si la travesía contará con algún tipo de apoyo militar o de personal de seguridad, enfatizó: “No. Todo lo contrario; nosotros no llevaremos ni una tijera para demostrar el carácter humanitario de la misión”.

Su trayectoria

Trotta es un reconocido médico con estudios cursados en el país y en Estados Unidos y durante 30 años fue el director del área cardiovascular del hospital marplatense, hasta que a los 66 eligió sumarse a MSF, entidad por la cual hizo al menos una decena de misiones humanitarias que lo llevaron a Yemen, Siria, Sudán del Sur, Kenia, Haití, Filipinas, Siria, Sri Lanka y Gaza.

Desde entonces mantuvo una rutina de seguir trabajando en su ciudad natal y hacer los viajes que le encarga MSF, hasta que finalmente presentó los papeles y se jubiló.

“Es necesario que alguien pare esta masacre. Los niños ¿qué culpa tienen? ¡Los están matando como moscas!”, lamentó el profesional a la hora de comentar la invasión israelí en la destruida Gaza, un territorio palestino gobernado por los islamistas de Hamas, quienes dieron pie a este conflicto luego de cometer un salvaje ataque a civiles en el sur de Israel, donde también hubo niños asesinados.

Recordó que 14 años atrás, cuando pudo ingresar a la Franja luego de la “Operación plomo fundido”, en una oportunidad estaba operando a un niño que presentaba una herida y el menor gritaba pero no de dolor, sino porque quería decir algo. 

Gracias al enfermero, que ofició de traductor, se enteró que decía “¿No se dan cuenta que somos chicos?”. Esa sentencia lo acompaña hasta el día de hoy.

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