Levante: Avanzar o dejarse seducir?

Primero: los jugadores se dividen entre seducidos y seductores, quienes miran y quienes se dejan mirar. Definir dónde te sentís mejor, es el primer paso. Desde la vieja “vuelta al perro” donde se caminaba por la plaza principal del pueblo para dejarse ver, hasta la modernidad del Instagram, esta primera parte sigue siendo tan primitiva como la humanidad misma. Si te pone like en todas las publicaciones y mira todos tus estados de Whatsapp, o es tu mamá o le gustás.

Segundo: hay que separar el amor del aburrimiento. ¿De verdad te gusta tanto o en realidad necesitás ponerle más onda al eterno día en la oficina armando una telenovela sobre si se cruzan o no en la máquina de café?

Tercero: mirate en el espejo y preguntate con honestidad si no estás poniéndote en víctima con un amor lejano e inalcanzable solamente porque no tenés ganas de estar en pareja.

Como les decía al principio de esta columna, la seducción es un juego y nos guste o no, a veces se pierde. Si no hay interés del otro lado lo mejor es dejar libre el tablero para una partida que tenga futuro.

Cuarto: no cambies para seducir. Trabajar menos, bajar o subir de peso, cambiar la forma de vestir, simular ser más cool o inventarte un curriculum inexistente, son algunas de las cosas que la gente cree que debe hacer para aumentar su sex appeal. Pero no es así. La honestidad es muy importante en la seducción, sobre todo si lo que buscás es una relación a largo plazo. Si tu entorno parece buscar a otro tipo de persona que no te representa, seguramente estés en la góndola equivocada, como un paquete de papas fritas en medio de un ejército de potes de yogurt light, esperando que pasen la gente aburrida y llegue alguien que sepa lo que es disfrutar de la vida.

Quinto: la seducción lleva su tiempo. En la época de nuestros abuelos había cartas con estampilla y con noticias que tardaban semanas o meses en llegar. Los guisos se hacían en ollas grandes que tomaban horas de cocción, pero nosotros nos quejamos si el delivery tiene más de 15 minutos de demora, o nos provoca un ataque de furia que no nos respondan un Whatsapp al instante. Queremos todo rápido, lindo, bueno y barato. Queremos salir un viernes a la noche, tener sexo el sábado a la madrugada, estar en pareja el domingo para compartir las pastas todos juntos y tener planes a futuro… todo en una semana. Y si no sale exactamente como queremos, entonces volvemos a las calles a buscar a otro.

Sexto: pensá en lo que el otro necesita. En una época en la que estamos tan histéricos y narcisistas, todos queremos ser los seducidos. Como luchadores que se miden a la distancia, nos miramos fijamente, evaluamos llamadas, actitudes, palabras, pero nunca damos un primer paso. Del otro lado, como un espejo, nos miran y evalúan.

Hace poco un amigo me dijo que tenía una fórmula mágica se seducción que llama las tres S: sushi, saxo, sexo. Él invita a quien quiere seducir a comer sushi preparado por sus propias manos, toca el saxo y luego consigue sexo, según su teoría de la fórmula mágica. Es lo más triste que escuché en mi vida. Imagino además lo aburrido que debe ser para él repetir las mismas acciones, quizás incluso las mismas frases hechas. Lo que les propongo es algo tan básico que les va a parecer una pavada, pero en el mundo de la hiperconexión, parece revolucionario. La seducción necesita empatía y pensar qué es lo mejor para el otro. Nadie necesita que le bajen la luna, pero que te laven los platos te puede cambiar el día. Y si todavía no tenés ese grado de confianza, seguro que hay algo en nuestras ajetreadas vidas que el futuro amor de tu vida no llega a hacer. Y ahí podés decir las palabras más románticas del habla hispana: “dejáme ayudarte, yo me ocupo”.

Como les decía al principio de esta columna, la seducción es un juego y nos guste o no, a veces se pierde. Si no hay interés del otro lado lo mejor es dejar libre el tablero para una partida que tenga futuro.

Fuente: Entre Mujeres

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